VOLVERVOLVER Número 4 : Entrevistas y Conferencias
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Tú también eras del mismo cuerpo, Miguel. Tu no podías conocernos. Nosotros sí te conocíamos. Eramos los jóvenes que habíamos dado el paso importante de fundirnos socialistas y comunistas en la JSU. Voluntarios salimos en un camión descubierto cantando. Hay que cantar siempre y actuar con valentía para poder romper los muros de los adversarios. Teníamos una gran voluntad pero en apoyo a nuestra voluntad estábais vosotros, los escritores y poetas de la época. Tú te convertiste en el poeta combatiente, luchaste y te hiciste el primero. Tus poemas eran una bandera y la enseña valía más al estar protegida por tu comportamiento. En los primeros días de la creación del Comisariado de Guerra fuiste nombrado comisario, yo también. Hicimos una guerra especial. En medio de ella dábamos clases a los analfabetos en las trincheras, miles aprendieron a leer y escribir. La guerra sigue. Hemos pasado varios cargos y me designan a la 216º Brigada del 20º Cuerpo de Ejército como Comisario. Al poco tiempo salimos para Teruel. Los jóvenes y los poetas, sin lo que se llama preparación militar, éramos la base de los frentes de batalla. Olmedo, comandante y albañil de una de las Brigadas, es el que toma con su unidad la muela de Teruel, posición importante para tomar la ciudad. A ti Miguel, te encontré en la reunión de jefes y comisarios con el Estado Mayor del Frente y a los pocos días nos reunimos los comisarios en una cueva. Hablamos todos pero tus palabras para nosotros tuvieron mucha importancia. No mandabas en ninguna de nuestras unidades y aún así fuiste nuestro jefe moral de aquella batalla. Ibamos a ocupar nuestras trincheras.
Nos pusimos al frente de nuestros oficiales y soldados y al subir por un valle de una tremenda cuesta, los aviones alemanes en grupo empezaron a bombardearnos. No podíamos salir, pero tu discurso estaba allí. Nuestros soldados empezaron a vacilar. Juntos íbamos varios comisarios y se nos ocurrió, en cada pausa de los bombardeos, levantarnos y gritar: “Camaradas, viva la República!”.

A la segunda vez, los soldados se levantaban y gritaban con nosotros: Viva! Y subimos a nuestro lugar y ocupamos las líneas de ataque y de defensa. Era el 15 de diciembre de 1937. El frío de 14º bajo cero en las altas montañas nos traía a maltraer, pero Teruel lo tomamos. La ventisca helada del bajo Aragón se arremolinaba y pulverizaba montones de nieve y no congelábamos. El Tcnl Galán nos vino a visitar y se asustó por lo poco protegidos que estábamos. El tiempo no me permite parar los relojes. En noviembre de 1943 paso a España clandestinamente a hacerme cargo de la JSU. En marzo soy detenido, torturas en gobernación y me mandan por fin a la cárcel de Grl Porlier, en un sótano sin luz y sin ventanas y allí me dan la primera información, por Marcos Ana, José Luis Gallego y Melquesider Rodríguez, que Miguel había muerto. En las cárceles había epidemia de tifus. Nadie pide que se nos vacune.

 

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