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Los
tuberculosos mueren y contaminan. Con el fascismo los enfermos
políticos no tienen cura. Todas las semanas eran fusilados
unos diez camaradas. Por qué perdimos la guerra? Los
países llamados democráticos se aliaron en contra
de nosotros para ello crearon la no intervención. Francia
nos cerró las fronteras. Los EEUU dieron nafta a los
fascistas y obligaron a que no se nos diera a nosotros. Prohibieron
a todas sus empresas que nos vendieran. Organizaron en Cataluña,
con el policía británico Orwell disfrazado de
revolucionario, una sublevación. Posteriormente crearon
la junta de Casado y Besteiro que fusiló y encarceló
a nuestras mejores mujeres y hombres. Entregaron Madrid para
que los fascistas siguieran fusilando. Miguel pudo huir y
cruzó la frontera de Portugal. El gobierno fascista
de Portugal lo entrega con otros a la Guardia Civil Española.
Palizas, torturas, interrogatorios de noche, sin dejar dormir.
Te sacan como si te fueran a fusilar ya. Se rebaja el hombre
como método, muchas veces como diversión. María
Teresa León y Pablo Neruda visitan en París
al cardenal Broudillard, éste hace la petición
a Franco de que suelten a Miguel y Franco lo pone en libertad.
Quiere ver a los suyos, a Josefina, y allí de nuevo
lo detienen. Lo llevan a la cárcel de Toreno que era
inmensa, estaba llena de republicanos, entre ellos Buero Vallejos
el dramaturgo que hizo el retrato a lápiz de Miguel
que recorrió el mundo. Toda la época de la vida
y la cárcel de Miguel se relaciona con la muerte y
la cultura.
Escribió muchas cosas que salieron a la luz, otras
que tuvo que romper en los cacheos y traslados.
Lo
condenan a la pena de muerte y no se lo dice a Josefina hasta
su indulto. Conmutado lo trasladan a la cárcel de Palencia.
Allí más de 800 presos de la guerra civil española
estaban deseosos de ver a los que llegaban. La única
esperanza que habían tenido es que se ganara la guerra.
Miguel les habla, se entrega a ellos, les anima y se convierte
en el ídolo de la cárcel. Son sus hermanos del
pastoreo, de ganados, de siembras, de albañilería.
Organiza clases de gramática en el patio. En esa cárcel
está en una celda de siete metros cuadrados con nueve
reclusos más. No hay water y por las noches las necesidades
hay que hacerlas en un cacharro de barro que se ponía
en el centro, si alguien lo usaba estaba el olor y no se podían
estirar las piernas. No obstante Miguel seguía escribiendo,
estudiando, hasta los funcionarios lo respetaban. Cuando llega
su traslado al penal de Ocaña, Melquesider que estaba
con él en la misma celda, en su libro de 24 años
de cárcel, nos dice: “Muchos de aquellos hombres,
duros en la lucha, curtidos en aguantar torturas y penas de
muerte, al despedirse Miguel, lloraban”. En Ocaña,
a donde lo trasladan, está cada vez peor.
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