|  Antón
Avilés de
Taramancos
|
TEATRO
CASTELAO - CENTRO GALLEGO DE BUENOS AIRES
16 DE MAYO DE 2003
CAMINO DE ESPERANZA
Yo
soy Balbino. Un chico de aldea. Como quien dice, un Don nadie.
Y además, pobre!
Con estas palabras comienza uno de los libros mas editados
de nuestra literatura.
Con estas significativas palabras comienzan las "Memorias
dun neno labrego" (Memorias de un niño labriego),
de don Xosé Neira Vilas.
Posiblemente,
muchos de los que hoy estamos aquí podríamos
ser un trasunto evidente de Balbino. Yo, al menos, me siento
totalmente identificado con ese maravilloso personaje; yo
también soy un aldeano como Balbino.
Pues bien, quien le hubiera dicho, a esta muchacho de aldea,
nacido hace 33 años en San Román de Cedeira,
en la provincia de A Coruña, que lo iban a convocar
para tan honrosa labor como la que tengo hoy el privilegio
de desarrollar. Pero, ya se sabe, cuando confluyen factores
como el de tener amigos con verdadera amistad, despertar generosidad
en la colectividad dirigente y vivir con sentimiento verdadero
el amor a una gente y a una cultura, el resto transcurre por
el sendero del destino sin mayor dificultad.
Ahora, sentado en esta silla, arropado por todos ustedes,
siento una ligera efervescencia espiritual que me hace meditar.
Quizás en cualquier invisible rincón de este
salón esté mirándonos el paisano Alfonso,
el solidario Ramón, el comprometido Lorenzo, el polifacético
Luis, el innovador Eduardo... A todos ellos y a tantos otros
que resulta imposible nombrar aquí, desde ya, quiero
pedirles disculpas por mi osadía al venir a este altar
de la cultura gallega en el exterior y subir a tan excelsa
tribuna sabiendo que hace años ellos la ocuparon y
elevaron a cotas incalculables en la realidad del ser cultural
gallego. También, a todos ellos, quiero desde aquí
agradecerles lo que hicieron en vida por nuestra culttura
y siguen haciendo después de su tránsito.
El
20 de marzo de 1963, tres miembros de la Real Academia Gallega
presentaron en esa institución una propuesta histórica:
Que se declarase el día 17 de mayo de cada año
Día de las Letras Gallegas como fecha para recoger
el material de la actividad intelectual gallega.
Manuel Gómez Román, Xesús Ferro Couselo
y Francisco Fernández del Riego, afirmaban que con
motivo de celebrarse ese año el centenario de la publicación
de CANTARES GALLEGOS de Rosalía de Castro, la Academia
debía consagrar, con carácter de perdurabilidad,
el simbolismo que representaba esta fecha, en una celebración
anual.
Estimaban que el libro rosaliano fue la primer obra maestra
con la que contó la literatura gallega contemporánea
y que su aparición le dio prestigio universal a nuestro
idioma como instrumento de creación literaria. Concluían
que representa un hito decisivo en la historia del renacimiento
cultural de Galicia.
El Día de las Letras Gallegas se instauró,
pues, para potenciar, promover y difundir nuestra cultura.
Para que todo el mundo pudiera tener constancia de la realidad
intelectual de un país - el gallego - que estaba muy
lejos de ver brillar el sol en su universo cultural.
Desde aquella fecha pasaron ya cuarenta años. Y hoy
cuando podemos y debemos reflexionar acerca de si los postulados
que por aquel entonces motivaron a nuestros intelectuales
para el lanzamiento de esta idea lograron algunos de sus objetivos
o si, por el contrario, el avance producido no fue todo lo
exitoso que hubiéramos deseado. Muchos fueron los progresos
que se hicieron. Muchos esfuerzos que no tenían en
el horizonte otro objetivo que el de devolver a la cultura
gallega el sitio que le correspondía por historia,
tradición y relevancia.
La lengua gallega era en 1963 una lengua casi sin competencias
escritas, una lengua eminentemente oral que no tenía
una consideración social adecuada. La lengua gallega
estaba destinada a usos socialmente poco prestigiosos y, por
el contrario, los usos de prestigio estaban reservados únicamente
para el castellano. Si bien ya en los años 50 las medidas
de represión contra el gallego se atenuaron; la medicina,
la empresa, la Administración, la Justicia, la Iglesia...
(estratos de alta consideración popular ) todos se
desenvolvían en castellano. Y lo que es peor, obligaban
a aquellos que tenían la lengua gallega como vehículo
exclusivo de comunicación, a adaptarse o asimilarse
al sistema lingüístico más fuerte. Esa
y otras causas hicieron que hubiese dos sistemas comunicativos,
que en teoría tenían que ser iguales en jerarquía
y complementarios (como verdaderas lenguas de una comunidad),
y que en la realidad tenían competencias de uso totalmente
dispares. Si bien en la década del 60 maduró
la primera generación de gallegos que no había
visto la Guerra Civil y que, por lo tanto, no tenía
en su memoria las terribles imágenes de represión,
el gallego seguía reservado para usos socialmente poco
considerados y al castellano se lo empleaba en actuaciones
de consideración popular elevada.
(1) NEIRA VILAS, XOSÉ: Memorias dun neno labrego. Ed.
do Castro. |